Ampliando conceptos
Con la “energía de las formas” ocurre hoy algo similar a lo que pasaba hasta un par de décadas atrás, apenas, con la común electricidad, la cual era consumida en los hogares y empleada industrialmente, desde fines del siglo XIX pero aún no había podido ser definida en términos científicos. Sabemos muy bien “cómo” actúa, pero no conocemos “qué” es. Aunque, en el plano de la hipótesis, podemos explicarla así, de esta manera.
Desde las milenarias religiones, como los antiquísimos conocimientos exotéricos y esotéricos nos enseñan, el universo se encuentra interpenetrado por una Fuerza Vital, un Campo de energía que vivifica todo lo viviente. Los chinos lo llaman “chi”, de allí tanto el “tai-chi-chuan”, como el propio nombre del país, ya que en mandarían “chi-na” significa “país de la energía”; los japoneses “ki” (el común grito en las prácticas marciales se llama “ki-ai”, literalmente “unidad con la energía”); los hindúes lo llaman “präna”, y en yoga, las “pränayama” son técnicas respiratorias conducentes a manejar esa energía en nuestro cuerpo. Los celtas hablaban del “vril”, los polinesios del “mana”, término éste que no hay que confundir con el “maná” de los hebreos del Éxodo.
Esta energía es el entramado dinámico de esa “Superfuerza universal”, esa única Emanación, de la cual la naturaleza visible es apenas su orden más grosero, más denso.
Pues bien. En determinadas circunstancias, ese campo de energía adquiere una especial intensidad, y ello es en presencia de formas determinadas que actúan a manera de “antenas” de aquella. Conos, hemisferas, espirales, obeliscos y menhires, pirámides…
Tal el ejemplo que nos ocupa, ya que podemos construir a escala una réplica de la pirámide de Keops (toda pirámide cuyo ángulo entre aristas y base sea de 52º ya es réplica a escala exacta) y realizar experimentos tan conocidos como colocar en su interior un trozo de carne y dejarlo allí varios días, descubriendo que en vez de pudrirse, como sería lo esperado, se momifica, por un efecto de deshidratación acelerada. O bien, otro de los experimentos es, introduciendo en su interior una hojita de afeitar o repuesto descartable, teniendo cuidado de que los filos estén orientados de norte a sur, en vez de perder su temple en la sexta o séptima afeitada, si luego de cada uso lo limpiamos y colocamos dentro de la pirámide, podremos emplearlos con eficacia más de cincuenta veces.
Fue precisamente Dbral quien descubrió que una de las causas era ese violento deshidratamiento del material expuesto a los efectos de la pirámide. Al no haber agua en la carne, ésta no se echa a perder, y en cuanto a la hoja de afeitar, es el agua la que oxida a los filos, destruyendo la cristalización de los mismos. Dbral patentó su descubrimiento oficialmente como “un aparato para afilar elementos metálicos”. Como en Checoeslovaquia no había en ese entonces fábricas de tales utensilios –todas eran importadas, con alto costo, de la ex Unión Soviética- muy pronto se popularizó el empleo de pequeñas pirámides de plástico, que podían ser halladas en el toillette de cualquier familia checa.
Desde estos experimentos iniciales el asunto se fue ampliando, observándose que esa “energía de las formas” desencadenaba otros procesos, además del de la deshidratación.
Sirvan, entonces, algunas observaciones que conviene tener presentes: en primer lugar, asegúrese que su pirámide sea réplica a escala de la pirámide de Keops. Si adquirió las fabricadas por una empresa responsable, no va a tener inconvenientes, pero de todos modos es aconsejable chequear los ángulos y las medidas de la pirámide. Es muy fácil salir de dudas: simplemente mida el perímetro (la suma de los 4 lados de la base) y ese resultado divídalo por el doble de la altura (tomada ésta como una perpendicular a la base, que caiga recta desde el vértice): debe ser el resultado de esa división el número Pi (3,14…). Tome debida nota de cómo es la altura, ya que si usted comete el error de tomarla a lo largo del plano de una cara, esa no será la altura (que en geometría se designa como “h” –no es una falta de ortografía; la “a” se reserva para “área”-) sino la apotema. A los efectos prácticos, si resulta de un valor entre 3 y uno de 3,30 es aceptable. Veamos:
4 L = Pi
2 h
Si su pirámide no se acerca a estos valores, despréciela, no servirá.
Luego, búsquele el lugar adecuado. Nunca coloque la pirámide debajo o sobre artefactos eléctricos o electrónicos, ni tampoco en placards o roperos donde guarde ropa, especialmente interior, por razones que veremos luego. Tampoco debe estar al alcance de los chicos, animales o cualquier factor que pueda modificar su posición.
La posición es otra de las condiciones a tener en cuenta; debe estar perfectamente orientada con los cuatro puntos cardinales, de manera que cada cara, y no cada arista, mire exactamente hacia uno de ellos. Si es posible, hágalo con brújula, porque cuanto más exacta sea la orientación, más efectiva será su pirámide.
De hecho, la de Keops se encuentra con precisión orientada en función de la “rosa de los vientos” (una romántica forma de llamar al cuadrante cardinal) y los efectos energéticos son especialmente sensibles cuando se dispone sobre la orientación magnética, más que la geográfica. Entre el Polo norte geográfico y el magnético hay una desviación de aproximadamente 15º y, obviamente, lo mismo ocurre con el Polo sur. Como la efectividad de la pirámide no tolerará más de 20º de desvío magnético (esto se llama “declinación”) entonces la cuestión no es ubicarla “de ojito”, tomando en cuenta la salida del Sol o hacia la casa de tía Porota que vive al norte, sino que hay que orientarla con elementos de seriedad. Nada, en este sentido, es mejor –y más fácil- que una brújula.
Pero ciertamente, no todo el mundo tiene una brújula en su casa, o está dispuesto a comprarse una buena sobre todo porque, a menos que trabaje activamente en Parapsicología, quizás no vuelva a usarla para otra cosa, una vez que haya aprendido a orientar su pirámide. Por tal motivo le ahorraremos el gasto, explicándole otros dos eficientes sistemas.
El primero consiste en pararse, una noche estrellada, mirando la Cruz del Sur. Usted sabe, porque las conoce: cuatro brillantes estrellas (aunque no necesariamente las más brillantes) que se disponen, precisamente, en forma de cruz inclinada, con la rama vertical más larga que la horizontal. En noches muy claras, incluso, se observará en el ángulo inferior derecho de la misma, un “opacamiento” de las otras lejanísimas estrellas que le hacen de fondo, efecto provocado por una nebulosa de polvo cósmico, conocida como “Nube de Carbón”. Para estar seguro de su identificación, si deslizamos la vista por la rama más corta (la horizontal) hacia la derecha aparecerán alineadas otras dos estrellas, conocidas como Alfa y Beta Centauri (la primera, de hecho, la estrella más cercana a nuestro sistema solar, un par binario de soles a 4,2 años luz de distancia.
Pues bien, localizada la Cruz en el cielo, no importa a qué hora, ya que la posición de la misma, como todo el cielo, rotará con el paso del tiempo, prolonguemos imaginariamente cinco veces hacia abajo la rama mayor de dicha cruz. En ese punto, dejemos caer otra línea imaginaria directa, recta y perpendicular al horizonte, y el punto donde interseccione con éste señalará con exactitud matemática el Sur.
Otro excelente método implica usar un reloj común, de esfera (no de números digitales) y un alfiler, un escarbadientes o un palito. Con el reloj puesto horizontal, debemos ubicarnos en un lugar donde nos dé el sol, en cualquier dirección (lamentablemente este método no sirve para las noches o los días nublados) y colocar un extremo del alfiler sobre el eje donde rotan las agujas del reloj. El sol proyectará una tenue sombra, la del alfiler, sobre la esfera del reloj –tenga en cuenta que hablo de la sombra y no del reflejo.
Entonces, la bisectriz del ángulo formado por la sombra y la aguja “de las horas” señalará con exactitud el eje Norte – Sur. Y usted habrá demostrado tener pasta de Indiana Jones.
Y ahora sí, a trabajar. Recuerde que cada color de pirámide tiene un particular efecto, a saber:
ROJO energizante, vigorizante, sexual, hipertensor. Aumenta la producción de glóbulos rojos. Mentalmente estimulante, otorga valor y dinamismo, así como sensualidad.
AZUL Curativo en general, sedante y reconstituyente.
AMARILLO Para artritis, artrosis, gota, lumbago, diabetes. Aumenta el intelecto.
VERDE Bactericida y aseptizante. En lo mental es optimizante, mejora nuestras relaciones sociales.
VIOLETA Armoniza espiritualmente y protege contra agresiones psíquicas.
Así, además de elegir en qué pirámide va a colocar, por ejemplo, la foto de una persona, preste atención al hecho de no provocarle un efecto contrario: siguiendo la tabla, una persona deprimida deberá ir en una pirámide roja, salvo que tenga problemas circulatorios, porque el rojo puede provocarle un aumento de presión. Alguien muy “acelerado”, por el contrario, deberá ir a una pirámide azul; uin niño que anda mal en la escuela, a una amarilla. Si usted quiere paz espiritual, o protección, a una violeta. Una venta demorada a una roja o una verde, un grupo de personas conflictivas a una azul, y así sucesivamente.
Aquí convendría hacer un “racconto” de las condiciones que debe tener una pirámide para un buen funcionamiento:
1- Que sea réplica a escala de la Gran Pirámide de Keops.
2- Que en su fabricación no entren materiales ferrosos, es decir, magnetizables. Cualquier material sirve, cartón, madera, plástico, vidrio, etc. Pero recuerde que, si hay algo magnetizable en su construcción, habrá “pérdida”, desde luego que la descargará de manera continua. Cuídese entonces, si es de madera, que no esté fijada con clavos de acero. Para su armado, puede encolarse o usarse clavos de bronce. Si usted quiere que su pirámide sea de metal, puede usar sin inconvenientes cobre, bronce, estaño, aluminio o plomo, todos éstos son, precisamente, metales no ferrosos y por consiguiente no magnetizables. Incidentalmente, le señalo que si bien toda pirámide sirve para todo tipo de propósitos, así como las “cromáticas”, es decir, las pirámides pintadas con determinado color son más útiles para casos específicos, por ejemplo, para cuestiones de salud recomiendo especialmente la pirámide de cobre.
3- Adecuada orientación.
4- Ubicar la pirámide lejos de aparatos eléctricos; no sólo perturban a la pirámide, sino que la pirámide afectará a aquellos.










