El efecto arista
Este es otro curioso fenómeno cuya aplicación práctica depende de la habilidad e imaginación del operador. Se ha observado en la pirámide material, ya que el “efecto arista” no se observa en antipirámides ni pirámides reflejas, que si extendemos un hipotético plano que pase por las aristas con el alto de la misma pirámide, hasta una distancia igual a cinco veces la altura, se observará en todo aquello “tocado” por ese plano efectos análogos a los que recibiría si estuviera en el interior de la misma.
Esto es interesante, por ejemplo, para energetizar recipientes con agua o bebidas que por su tamaño no podemos introducir en ella. También yo la he experimentado con buen éxito, colocándola en una repisa de forma tal que, mientras estudio, la proyección de la arista interseccione con mi cabeza. Queda claro, por todo lo explicado hasta aquí, que no sirve encasquetarse el cráneo con una pirámide para aumentar el rendimiento intelectual lo cual, además de francamente ridículo es peligroso, ya que precisamente buena parte de la masa encefálica sería “barrida” por la primer antipirámide, ni tampoco, buscar dormir mejor metiendo la pirámide bajo la cabecera de la cama. Si por casualidad la tercera o cuarta pirámide refleja hacia arriba coincide con la cabeza del durmiente, entonces sí tendrá dulces sueños, pero ¿imaginan las consecuencias si lo que toca al sujeto es la proyección hacia arriba de una antipirámide?. Se despertará con un humor de los mil demonios, echándole la culpa a lo que cocinó su señora, o su madre, o usted mismo / a, para la cena de la noche, o a la envidia de la vecina, o a la ojeadura de la suegra, cuando el problema estaba, simplemente, en ese inofensivo aparatito mal colocado debajo de la cama.










