ELEMENTOS DE PIRAMIDOLOGÍA (2)
Los efectos contrarios de las pirámides.
Tenga en cuenta, al comprar una pirámide pintada, que el color cuya vibración afectará la muestra testigo (el objeto que colocará dentro de la pirámide) es el color del interior de la pirámide, no el del exterior. Un buen acabado será aquél en que el mismo color esté tanto por dentro como por fuera.
Evite las pirámides de distintos colores, generalmente acompañadas de la tontería de que “así actúan varios colores ala vez”. Si una pirámide tiene una cara verde, una roja, una azul y una amarilla, lo que introduzca no se verá beneficiado por la sumatoria de los efectos benéficos de cada color, sino afectado por una extraña mescolanza de esas distintas vibraciones, amasijo no siempre positivo.
No emplee pirámides de papel o cartulina. La humedad las deforma naturalmente en poco tiempo, perdiendo su precisa forma piramidal.
Las velas en forma de pirámide, pueden servir en los rituales esotéricos. Sí, pero carecen de valor en Piramidología. Piense que el siguiente argumento: “al poder de las velas se le suma el poder de las pirámides” es ridículo, cuando uno piensa que (a) la pirámide no tiene indispensablemente un “poder”, no es un objeto sagrado, místico, un elefante blanco ante el cual postrarnos y hacer pedidos, sino que es un acumulador energético, que opera con fuerzas sutiles diferentes, muy diferentes a los planos astrales en que actúan las correspondencias simbólicas de las velas, y (b) ¿cómo podría subsistir el “poder piramidal” si al derretirse la vela, pierde la forma, que es lo único indispensable para que ese elemento energético se presente?.
Un detalle muy importante: nunca permita que una foto o programación quede debajo de la base de su pirámide; este es el problema con las pirámides decorativas y macizas, que le obligan a colocar lo que fuera “bajo” la misma. A través de varias investigaciones se ha detectado que, inmediatamente por debajo y por arriba de la pirámide, se forma un sector en el espacio tal como una pirámide invertida de fuertes efectos energéticos pero de signo contrario. A su vez, a estos sectores les siguen otros positivos, como reflejos de la pirámide material, alternando con otros negativos, etc. A los espacios negativos se los llama antipirámides. A los positivos, pirámides reflejas. Una buena prevención es evitar que fotos, ropa, electrónicos, comida, etc., caigan dentro del área de influencia de las antipirámides.
En teoría, la columna de “antipirámides – pirámides reflejas” se proyecta al infinito, o cuando menos, a una altitud y profundidad sobre la que se ha especulado muchísimo. Pero, a los efectos prácticos, sólo hasta la tercer o cuarta antipirámide y pirámide refleja hacia arriba y la tercer o cuarta antipirámide y pirámide refleja hacia abajo son mensurables los efectos, alternativamente positivos o negativos, de las mismas.
Usted puede aprovechar el efecto benéfico de las pirámides reflejas cuando, colmada la capacidad de “carga” de su pirámide y deseoso de proyectar su energía positiva a otras muestras, coloca un estante o repisa por arriba o debajo de la pirámide material, cuidando que la primera o segunda pirámide refleja coincida con la muestra testigo que está fuera de aquella.
Comento un interesante experimento que hice en una ocasión. Coloqué un trozo de carne dentro de una pirámide de cartón, en el centro, y a un tercio de la altura tomada desde la base 8lo que en la pirámide de Keops correspondería a la “cámara del Rey”, este es el punto de mayor fuerza energética), otro trozo de carne a un costado de la pirámide, un tercero por debajo –dentro de la primera hipotética pirámide refleja hacia abajo-. Los resultados al cuarto día fueron los siguientes: la carne colocada dentro de la pirámide estaba completamente momificada y sin ningún olor, la que estaba a un costado de la pirámide se encontraba absolutamente descompuesta y nauseabunda, la que se ubicaba en la antipirámide se hallaba gelatinosa y llena de gusanos, y la que estaba en la pirámide refleja, desecada y con un cierto olor fuerte, pero no excesivamente desagradable. Esto prueba que la pirámide refleja repite efectos similares, pero no idénticos, a los del interior de la pirámide material. Mientras que la ajntipirámide potencia el efecto contrario al deseado, peor aún que aquél trozo dejado a un costado.
Es preocupante que, normalmente, no se avise al público interesado de los efectos perniciosos de la antipirámide. Creo que esto se debe tanto al desconocimiento como al deseo de no perder tiempo en explicaciones técnicas: si cada vendedor de artículos parapsicológicos invirtiera media hora en instruir asl potencial cliente, su tiempo de venta no le resultaría rentable, además del hecho que tantas precauciones acobardarían a más de un potencial comprador. Debe entenderse que la pirámide no es, en sí misma, ni “buena” ni “mala”. Es un acumulador de energía, una energía útil pero que hay que saber manejar. Es como la electricidad; ella no es en sí ni buena ni mala, pero dependiendo de cómo la use –o abuse- nos ilumina o nos electrocuta.
Permítaseme citar dos ejemplos personales para ilustrar el riesgo de las antipirámides. En el primer caso, allá por 1984, cuando todavía residía en buenos Aires, me llama una consultante habitual para pedirme una entrevista en su domicilio. Desde hacía varios meses atrás el marido padecía disfunciones sexuales y, probados todos los tratamientos clínicos y psicológicos, el problema subsistía. Lectora de literatura afín, mi consultante quería confirmar o no la sospecha de que debajo de la casa se hallare un foco de “radiaciones telúricas nocivas” que, perturbándolos energéticamente, generara el problema de marras. De allí su deseo de evaluar radiestésicamente el lugar.
Una vez en el mismo, y luego de varios estudios y un minucioso registro, no encontré la menor anomalía energética ni en la casa en general como así tampoco en el dormitorio en particular. Así que allí estaba yo, parado en el centro del mismo, rascándome confundido la cabeza, cuando llamó mi atención un familiar objeto puntiagudo que sobresalía del techo del ropero: una pirámide.
Pregunté a la dueña de casa sobre el particular, y me respondió que la empleaba para hacer pedidos, energetizar personas y –cómo no- especialmente al esposo. Pero que ni aún así…
Una vaga sospecha cruzó por mi mente. Pidiéndole permiso a la amable señora para pispear el interior del mueble, observo una hilera de cajones que caía bajo la vertical de la pirámide. Entonces, empiezo a visualizar imaginariamente desde la simpática pirámide barrocamente ornamentada hacia abajo, la sucesión de “antipirámide, pirámide refleja, antipirámide, pirámide refleja, antipirámide…”.
- ¿Qué hay en ese cajón? –le disparé a quemarropa cuando noté que la tercer antipirámide coincidía de lleno con uno de aquellos.
- ¿Allí? –exclamó- Nada más que los calzoncillos de mi marido…
Huelga aclarar que movida de lugar la pirámide, a los pocos días, el dichoso jefe de familia regresó a sus obligaciones maritales.
El segundo ejemplo me ocurrió en agosto de 1987, en ocasión de encontrarme dictando un curso de Parapsicología en la ciudad de Corrientes. Entre los alumnos anotados, se encontraban dos que, en una charla de café a a de una de las clases, me revelaron la razón por la que se habían matriculado en el mismo; además de una natural curiosidad, estaban prontos a inaugurar una discoteca en la ciudad santafecina de Reconquista y habían decidido colocar, ornamentalmente, una gran pirámide dentro de la misma.
El curso transcurrió sin mayores novedades de interés y, al finalizar el mismo, los felices dueños del boliche me invitan a la inauguración de la confitería, prevista para dos semanas más tarde. No conocía hasta entonces esa linda ciudad y, dado mi espíritu trashumante, cualquier excusa era buena para llenar un bolso y partir. Así, el día fijado llegué a Reconquista. La noche de la inauguración, lógicamente en compañía de los dos socios, visito el lugar y, con cierta desazón, compruebo que habían hecho construir una gigantesca pirámide estructural, esto es, con ángulos para las aristas y la base pero abierta por los lados, profusamente ornamentada con lucecitas de colores y suspendida en el aire… directamente por encima de la cabina del disc – jockey, el cual a su vez se encontraba literalmente rodeado de parlantes y amplificadores.
Sombríamente, calculo como la monstruosa antipirámide cubría en su totalidad ese espacio de trabajo. Pero asombrado de que mis ex alumnos no hubieran reparado en el detalle –habida cuenta que ese tema lo habíamos estudiado en el curso- se los señalo. Un cruce de miradas entre vergonzosas y mutuamente acusadoras entre ellos, y el mayor me responde:
- Es que… en fin, vos sabés. Uno lee otra cosa, ¿no?. Y bueno, el arquitecto conoce a un colega tuyo, de Buenos Aires, el profesor XX, quien nos dijo que no, que la antipirámide es sólo hacia arriba, que no iba a haber problemas… –y rápidamente agregó, aliviado por una buena razón encontrada- Además, para cuando hicimos el curso con vos, ya estaban los planos hechos y el trabajo en marcha.
Con una sonrisa irónica –creo- me encogí de hombros. “A fin de cuentas –pensé- parece que debo aparecer más seguido en televisión para resultar más creíble que otros colegas que sí lo hacen”. Pero después de todo, como el problema no era mío, sólo murmuré:
- Me gustaría saber si el profesor XX aceptaría ser el garante de ustedes.
Dos semanas más tarde una llamada telefónica, del menor de los socios, me comenta, entre otras novedades intrascendentes, que el disc – jockey había abandonado el trabajo, primero por problemas personales agraviados con una fuerte discusión que tuvo con sus patrones. El negocio, más o menos marchaba como se esperaba. Una semana más tarde, y ya no tan intrascendentemente, el otro socio me rastrea por tres provincias –me había desplazado por los mismos motivos laborales a Formosa- para contarme, con un hilo de preocupación que en los equipos de sonido se habían producido varios cortocircuitos o que, en realidad, nunca había andado del todo bien. ¿El negocio?. Y, con altibajos.
Un mes y medio más tarde, un conocido mutuo de la ciudad de Resistencia, provincia del Chaco, me aporta nuevos datos en una conversación del montón. Sabía que a estos chicos las cosas no les iban nada bien; entre otras cosas que tenían problemas con los equipos, que plantones de los disc – jockeys, que poca gente, etc.
Tres meses después, en una sentida carta, ambos ex alumnos me enteraban del cierre de la discoteca.










