ELEMENTOS DE PIRAMIDOLOGÍA

ELEMENTOS DE PIRAMIDOLOGÍA (3)

Algunos experimentos con pirámides

Todo aquello que vaya a exponer a la pirámide, si se trata de fotos o programaciones en papel (pedidos, nombres, etc.) debe estarlo por períodos de 9 o 12 días, siendo indistinto optar por uno u otro. Una vez por mes, cuando menos, descargue su pirámide, desorientándola o tumbándola de lado. Cumplidos lños objetivos, queme los papeles de las programaciones. Éstas se preparan de la siguiente forma:
Recorte a mano (no con tijeras) un triángulo escaleno (de tres lados desiguales) en papel blanco. Puede, si lo desea, emplear papel de acuerdo al color del efecto que desea provocar, valiéndose de la tabla de correspondencoas cromáticas que presentáramos anteriormente. Escriba de un lado el propio nombre –o el de la persona que ayuda- en letra cursiva, bien cerca del borde y sin levantar en ningún momento la mano del papel, omitiendo lógicamente los puntos de las íes y los acentos, una palabra tras otra, tras otra nuevamente, tantas veces como sean necesarias hasta recorrer todo el borde y “enganchar” con el principio, aunque el nombre no coincida exactamente, con el fin del apellido. Luego, invierta el papel y escriba, en forma de espiral, de afuera hacia adentro y en el sentido de las agujas del reloj, el deseo u objetivo a cumplir, siendo preciso en lo que quiere y cuándo lo quiere. La frase debe ser de pocas palabras, pero repetirse, de manera tal que forme tres o cuatro vueltas de la espiral (aquí sí se puede levantar la mano al escribir). Luego pliegue tres veces el papel, cuidando que la espiral quede en el primer pliegue hacia adentro, y que en cada uno un borde coincida con otro. Finalmente, coloque el papel dentro de la pirámide, acostado, de manera tal que el vértice opuesto al lado más largo apunte hacia el norte.
No se haga trampas. Si mientras escribe el nombre de la persona, por la fuerza de la costumbre, levanta inconscientemente la mano, estrújelo, arrójelo y comience de nuevo. Por infantil que este sistema le parezca tiene una buena justificación, y si me permite aburrirle algunos minutos, paso a explicársela.
Debemos comenzar por referirnos a una rama de la Parapsicología, llamada Tanatología, que es el estudio de la vida después de la muerte. En este campo, afirmamos –fundados en razones que habrá visto en las lecciones correspondientes- que después de la muerte biológica el psiquismo del individuo sobrevive en dos niveles de manifestación: los así llamados Paquete de Memoria Eróticos (PME) y los Paquetes de Memoria Thanáticos (PMT). “Paquete de memoria” es una definición propuesta por el biólogo Jean Jacques Delpasse para reemplazar a la vulgar definición de “fantasma”. “Paquete”, en el sentido informático de la expresión, es decir, una cantidad dada de energía, y “de memoria” porque guarda restos de memoria de su vida biológica. Lo de “erótico” en tanto (por Eros, dios de la vida y el amor entre los antiguos griegos) le son aplicados a aquellos que, tras su muerte pasan, para decirlo de una manera entendible, a un plano superior de manifestación; otras dimensiones, vibraciones más sutiles…son aquellas personas que en vida fueron altamente espirituales, positivas, constructivas, oblativas (en el sentido psicológico de “dar” permanentemente), buenas. Así, se despegan de este mundo material y continúan su camino, su evolución en otras esferas. Lo de “thanático”, deriva de Thánatos, que era el dios de la muerte y la destrucción entre los helenos y se aplica a quienes, mientras vivos, eran puramente materialistas, egoístas, destructivos, o de poca moral
Estos quedan adheridos a este plano hasta tiempo después de fallecidos, un tiempo que puede oscilar desde algunas horas hasta varios siglos, de acuerdo al “balance” entre actitudes eróticas y thanáticas que todos tenemos, indistintamente, a lo largo de nuestra vida.
El PMT entonces permanece cierto tiempo en este plano. Pero, como todo ser confundido, tiende a “adherirse”, decíamos, a aquellos lugares, personas o elementos que le resultan conocidos, deseables o tranquilizadores. Le sigue siendo difícil abandonar lo ilusorio del mundo material. Como no puede “ver” ni “escuchar” –ya que los sentidos físicos se han descompuesto con su cuerpo- y como sólo es mente, sólo puede “sentir”. Y para un PMT lo que lo rodea es un gran océano de sensaciones, ora agradables, ora desagradables, unas conocidas, otras no. Entonces, en un reflejo defensivo, se incorpora a aquellas “concentraciones de sensación” que le resultan más identificables. Pero esas “concentraciones” son en realidad la representación en un plano material de objetos, lugares o personas, en los cuales se ancla el PMT.

Supongamos que muero no creyendo en la vida después de la muerte. Del otro lado del umbral, no tomo conciencia de que ahora sí he fallecido y, después de todo, había un más allá, ya que el “tomar conciencia” es, perogrullescamente, un acto de la mente conciente, la cual depende del buen funcionamiento del neocórtex o corteza cerebral, precisamente lo primero que empieza a descomponerse al morir.
En lo que sobrevive de mí, el “darme cuenta” de las cosas es casi un acto sonambúlico, inconsciente. Y si mientras estuve vivo, pongamos como tonto ejemplo, una de las cosas más queridas por mí fue mi pipa, pues después de muerto, donde vaya esa pipa, irá adherida mi remanencia psíquica que, en el plano emocional, al morir el cuerpo “corrió” a impregnar lo que era su referente emocional. Esto explica las “obsesiones” que PMT pueden hacer de lugares –las famosas “casas encantadas”-, personas u objetos –los considerados “embrujados”-. Pues bien, al objeto, lugar o persona al que se adhiere la remanencia psíquica lo llamamos técnicamente “punto de anclaje”.
¿Y qué tiene que ver todo esto con las programaciones de la pirámide?. Pues bien, que “puntos de anclaje”, claro que un poco “ersatz” pueden generarse también con nuestro psiquismo mientras estamos vivos. Es así que toda esa “tensión psíquica” puesta de manifiesto al cortar el papel a mano, escribirlo sin levantar el trazo, trazar el pedido en espiral(un símbolo de fuertes connotaciones espirituales de concentración) y plegarlo, transforma ese objeto (triángulo de papel) en un “punto de anclaje” de nuestro pensamiento. Un pensamiento que concientemente yo consideraré no mantener allí cuando después esté haciendo otra cosa, pero que a nivel inconsciente sí mantendré sintonizado o conectado con el interior de la pirámide. Y ese pensamiento es entonces amplificado por ésta, porque el pensamiento no es más que un aspecto particular y limitado de aquella energía vital Universal de la que habláramos.
Por esto es importante quemar el papelito cuando se cumple la programación; la alegría conciente que yo experimento por la cosa conseguida es válida para mi consciente, pero no para mi inconsciente, el cual demorará más tiempo en “internalizar” una situación y al cual sólo se le puede hablar en (pues sólo es) símbolos.
De hecho, los propios sueños son mensajes simbólicos en su absurdo, que el inconsciente formula para que el consciente repare en algo importante. Y el fuego es fuertemente simbólico para nuestro inconsciente (¿quién no ha quedado alguna vez fascinado y casi “en blanco” mirando una fogata de campamento o el hogar de una chimenea?), en el sentido de “liberación”. La liberación por el fuego justificó, en el ámbito inconsciente, desde los sacrificios del antiguo pueblo judío hasta los “actos de fe” de la Inquisición. De manera tal, la destrucción por el fuego de la programación 2libera” a mi inconsciente de seguir “conectado” (y, por consiguiente, gastando inútilmente energía) en un tema ya superado.