INFORME SOBRE LAS CORONAS DE FLORES ENCONTRADAS EN LOS FÉRETROS DE TUTANKHAMÓN
POR P. E. NEWBERRY, MA, OBE
Desde tiempos inmemoriales se ha acostumbrado adornar los cuerpos de los muertos con coronas de flores. Cuando, en 1881, se descubrieron las momias de los reyes Ahmosis I, Amenofis I y Ramsés II en la tumba de un rey de la Dinastía XX en Deir el-Bahari, en sus féretros aparecieron muchas de ellas. Algunas se encontraban en un estado de conservación sorprendente y el doctor Schweinfurth, que las examinó poco después de su descubrimiento, observó que en algunos casos se habían conservado maravillosamente. Sobre la momia de la princesa Nesikhensu, que también apareció en Deir el-Bahari, había una guirnalda hecha con hojas de sauce, amapolas y flores de centaurea. El doctor Schweinfurth dice de estas amapolas: «…raras veces se ha encontrado en botánica ejemplares tan perfectos y bien conservados de esta frágil flor; el color de los pétalos se ha mantenido con toda intensidad, como en los ejemplares secos de nuestros días».
Desgraciadamente las coronas halladas por el doctor Cárter en los féretros de Tutankhamón no se encuentran en tan buen estado como las del escondite de Deir el-Bahari examinadas por el doctor Schweinfurth, pero no obstante, su conservación es lo suficientemente buena como para permitirnos determinar casi todas las plantas usadas por los floristas de la corte. La mayoría de las hojas que componían las coronas eran demasiado frágiles para ser manejadas al sacarlas de los féretros, así que las remojamos en agua tibia durante algunas horas antes de examinarlas. Dos o tres flores se desintegraron al tocarlas, pero pudimos seleccionar otras muestras de las partes mejor conservadas de las coronas y nos bastaron para poder determinar su género y su especie. En total se encontraron tres coronas distintas.
1. Una corona de pequeño tamaño. Iba alrededor de las insignias del buitre y de la cobra en la frente de segundo féretro del rey. Se componía de hojas de olivo (Olea europaea, L.), pétalos de nenúfar azul (Nymphaea caerulea, Sav.) y flores de centaurea (Centaurea depressa, M. Bieb.). Se había utilizado una tira de cogollo de papiro como base para su elaboración. Sobre ella iban las hojas de olivo que, a su vez, servían de base a las centaureas y los pétalos de nenúfar. Las hojas de olivo estaban dispuestas en bandas por medio de dos tiras de cogollo de papiro, con hojas alternadas una sobre otra, dispuestas de tal modo que una tenía el haz hacia arriba y la otra el envés, consiguiéndose un gran efecto al estar una hoja mate al lado de otra plateada. Se trata, probablemente, de la «Corona de la Justicia» del rey. El Libro de los Muertos tenía todo un capítulo (el XIX) dedicado a esta clase de coronas y se ha conservado la fórmula mágica que había que recitar al colocarla sobre el féretro. Estas «coronas de justicia» fueron muy comunes desde la Dinastía XXII hasta la época grecorromana.
2. Una guirnalda-pectoral. Esta guirnalda estaba hecha con cuatro tiras dispuestas en semicírculo sobre el pecho del segundo féretro antropomorfo. La primera y segunda tiras se componían de olivo (Olea europaea, L.) y centaurea (Centaurea depressa, M. Bieb.). La tercera era de hojas de sauce (Salix safsaf, Forsk.), centaurea y pétalos de nenúfar azul. La última de las tiras, la que estaba más abajo, era de hojas de olivo, centaurea y pétalos de apio silvestre (Apium graveolens, L.). Al hacer esta corona se había doblado las hojas de sauce alrededor de estrechas tiras de cogollo de papiro, sirviendo de base a las centaureas, los pétalos de nenúfar y las ramitas de apio silvestre.
3. El collar de flores: Este collar de flores que apareció sobre el tercer féretro se componía de hojas, flores, bayas y frutos de varias plantas, junto con cuentas de vidrio azul, dispuestas en nueve tiras y pegadas a una hoja semicircular de papiro. Es un tipo muy raro, que sólo se conoce por ejemplares del reinado de Tutankhamón y es muy interesante porque muestra las verdaderas hojas, flores y frutos copiados en los collares de cuentas de fayenza de la segunda mitad de la Dinastía XVIII.
Las tres primeras tiras de este collar y la séptima eran parecidas. Se componían de cuentas o lentejuelas de vidrio azul y bayas de solano leñoso (Solanum dulcamara, L.) que colgaban de finas tiras de hojas de palmera datilera. Las lentejuelas y las bayas estaban agrupadas alternativamente, de veinte a veinticinco lentejuelas por cada cuatro bayas. La cuarta tira era de hojas de sauce y de una planta no identificada, dispuesta alternativamente y sirviendo de base para los pétalos de nenúfar azul. Estaban atadas por medio de tiras de papiro que pasaban por encima y por debajo de las hojas. La quinta tira consistía en bayas de solano que colgaban de una franja de hojas de palmera datilera. La sexta tira se componía de las hojas de una planta no identificada todavía, flores de centaurea y de Picris coronopifolia, Asch., con once frutos de mandrágora (Mandragora officinalis, L.), colocados a intervalos regulares. Los frutos de mandrágora estaban cortados por la mitad, habiéndose quitado los cálices, e iban cosidos al collar. La séptima tira era igual a las tres primeras. La octava se componía de hojas de olivo y de una planta no identificada dispuesta alternativamente. La novena tira, que quedaba en la parte exterior del collar, estaba hecha con las hojas de la misma planta no identificada usada en las tiras sexta y octava, junto con flores de centaurea.
Observaciones acerca de las plantas identificadas: El apio silvestre (Apium graveolens, L.). Sabíamos que esta planta existía en el antiguo Egipto a través de dos fuentes. En primer lugar por una hermosa corona compuesta de sus hojas y de pétalos de loto azul descubierta en una tumba de la Dinastía XXII en Tebas en 1885, y que hoy día se encuentra en el Museo de El Cairo. En segundo lugar por otra corona bastante parecida, encontrada por Schiaparelli en la tumba de Kha, arquitecto de Amenofis III en Deijr el Medineh, hoy día en Turín. El apio silvestre (σελινον)era también una planta favorita de los floristas de Grecia y Roma (Anacreonte, 54; Teócrito, 3,23). Los vencedores de los Juegos Istmicos y Nemésicos eran coronados con guirnaldas hechas con sus hojas (Píndaro, O., 13,46; Juvenal, 8,226) y tales guirnaldas se colocaban también en las tumbas; por esto se decía σελνον δεϊτ ι de las personas gravemente enfermas (Plutarco, 2,676 D.). Es interesante notar aquí que en el Museo de Florencia hay algunas semillas de apio silvestre procedentes de una tumba egipcia (No. 3628) y que las semillas de esta planta eran uno de los ingredientes empleados por los escitas para embalsamar los cuerpos (Herodoto, IV, 71).
La centaurea (Centaurea depressa, M. Bieb.). Ésta era una de las flores más corrientes usadas por los floristas egipcios para hacer coronas y se han conservado muchas flores de este tipo en guirnaldas que datan desde la dinastía XVIII hasta la época grecorromana. No es oriunda de Egipto, sino que debió de ser introducida desde el Próximo Oriente o la península griega, primero como un hierbajo entre los campos de grano y luego cultivada en los jardines de Tebas. Hoy día no aparece en Siria ni en Palestina, pero sí en la Arcadia y en la llanura del Ática, donde florece en abril.
La mandrágora (Mandragora officinalis, L.) no es oriunda del Valle del Nilo, sino que se introdujo allí en época antigua, sin duda desde Palestina, donde es una planta común, en especial en las llanuras pantanosas. Es la manzana del amor del Génesis, XXX, ff. 14, y los Cánticos, VII, 13. En el Próximo Oriente se creía y se cree que su fruto tiene propiedades afrodisíacas y que favorece la concepción. En las pinturas murales de varias tumbas tebanas de la dinastía XVIII se representan cestas de esta fruta y a veces se ven mujeres oliéndola o comiéndola durante un banquete. En una tumba de Tebas está dibujada toda la planta, con sus hojas y frutos. Tristram dice que es una planta sorprendente que llama la atención por el tamaño de sus hojas y por la extraña apariencia de sus capullos. Señala que la encontró en flor por Navidad en Palestina en lugares cálidos y que recogió su fruto en abril y mayo. Así pues, la cosecha del trigo coincide con el período de su madurez. Su fruto es de color amarillo pálido, suave y de olor insípido y nauseabundo. Los árabes creen que es estimulante y excitante, incluso hasta la locura, de aquí el nombre que le dan, tuffah el jinn, la manzana de los jinn. Es probable que se trate de la fruta didi (en hebreo dudaim, «mandrágora»), que se menciona a menudo en las inscripciones del Imperio Nuevo. Se dice que se la recogía en Elefantina, mezclándola a la cerveza para producir la pérdida de consciencia. Es interesante recordar que el general cartaginés Maharbal al parecer capturó o mató a un grupo de rebeldes a los que había drogado con mandrágora y vino. Alrededor de esta planta se ha desarrollado una cantidad de folklore extraordinaria. Sir James Frazer lo ha recogido y analizado en el segundo volumen de su obra Folklore in the Old Testament, pp. 372-397.
El nenúfar azul (Nympheae coerulea, Sav.) era el famoso loto de los antiguos egipcios y se usaba para hacer coronas desde tiempos de las pirámides. Es nativo del Valle del Nilo, pero hoy día aparece principalmente en las zanjas y charcas del Delta, donde generalmente florece desde julio a noviembre.
El olivo (Olea europaea, Sav.). Este árbol se cultiva en muy pocos huertos del Alto Egipto en nuestros días, pero hay buenas indicaciones de que debió estar distribuido más ampliamente por todo el Valle del Nilo en otros tiempos. Se lo menciona en el inventario de las plantas cultivadas por Inena en su huerto de Tebas en tiempos de la reina Hatshepsut y Teofrasto, Plinio y Estrabón lo mencionan como cultivado en el Alto Egipto. El primero dice concretamente que en su época crecía en la provincia de Tebas.
La Picris coronopifolia, Asch., es una pequeña planta compuesta, muy común en los alrededores del desierto de Tebas y en otras regiones del Alto Egipto. Florece en marzo y en abril.
El sauce (Salix safsaf, Forsk.) todavía se encuentra en forma silvestre en las orillas del Nilo en Nubia, pero el doctor Schweinfurth consideraba que era tan sólo una rareza del río y que su medio óptimo se encuentra más al sur.
El solano leñoso o agridulce (Solanum dulcamara, L.). Sólo las bayas de esta planta han aparecido en las tumbas egipcias. Siempre van cosidas a finas tiras de hojas de palmera datilera. En las coronas de época grecorromana aparecen a menudo bayas de este tipo de solano. Plinio (H. N., XXI, 105) menciona que era empleado por los floristas de Egipto.
Nota sobre la época del enterramiento de Tutankhamón:
Por las flores y frutos encontrados en estas coronas puede determinarse la época del año en que se colocó a Tutankhamón en su tumba. La centaurea florece durante las cosechas, de marzo a abril, y la mandrágora y el solano leñoso maduran en esta misma época. La pequeña Picris también florece en marzo y abril. Aunque los nenúfares florecen en las zanjas y charcas del Bajo Egipto desde julio a noviembre, es muy posible que floreciesen en Tebas en época más temprana, al ser cultivados en los estanques de los jardines. Así pues, podemos decir, con bastante seguridad, que Tutankhamón fue enterrado entre mediados de marzo y finales de abril.










