LOS OBJETOS ENCONTRADOS EN EL ANEXO

LOS OBJETOS ENCONTRADOS EN EL ANEXO
En el capítulo precedente he intentado describir el estado en que encontramos el anexo, la impresión que causó a los que lo contemplábamos y lo que debió ocurrir en él después de que lo cerraran, según se desprende de nuestras observaciones.
En este capítulo me propongo describir los principales objetos que pudimos salvar entre aquellos restos. Era sorprendente ver cómo algunos de los objetos más frágiles se habían conservado intactos a pesar de los malos tratos que habían sufrido. Por razones que expondré a continuación, dividiré el material en dos secciones.
Corriendo el riesgo de repetirme, he de volver a decir que aparte de los destrozos causados por los ladrones había claras indicaciones (casi podríamos decir pruebas) de confusión y falta de un sistema apropiado cuando los objetos fueron colocados allí en primer lugar. Por ello no podemos estar completamente seguros del uso a que se destinaban las diversas cámaras de la tumba; por otra parte, el plano de la tumba misma no es completamente ortodoxo, y ésta es muy estrecha. Así pues, todavía hay que analizar y comprobar muchos de los datos obtenidos sobre las diversas clases de objetos funerarios que los egipcios atribuían tradicionalmente a una cámara determinada. Sin embargo, podemos estar casi seguros de que este anexo no era más que un almacén para las provisiones, vinos, aceites y ungüentos. Por ello podemos considerar que los objetivos descritos en la Primera parte de este capítulo eran «intrusivos», ya que posiblemente no se los destinaba a esta habitación sino que los colocaron en ella por falta de espacio en otras cámaras. Según mi opinión, el segundo grupo, descrito en la Segunda parte, es lo que esta habitación debía contener según la tradición. Así pues, la división de este capítulo en dos partes se debe a la naturaleza misma del material.